Festival Estéreo Picnic: Siempre hay una primera vez

La vida está marcada siempre por primeras veces. La primera bici, el primer beso, el primer concierto…

Por: María F. Murcia

Esta edición del Festival Estéreo Picnic fue la primera para mí, a pesar de sólo haber asistido a uno de los tres días. Por poco y no voy, por poquito me pierdo a Nine Inch Nails. Pero después de haberme perdido a New Order hace un año no podía dejar que eso pasara…de nuevo!

El jueves comenzó claro como cualquier otro, la rutina matutina vio cambios muy pequeños. Pero no iba a ser igual que todos los días, no. No fui a clase (que pena profe), me fui primero al Aeropuerto para ver si por cosas de la vida y algo de buena fortuna alcanzaba a saludar a los muchachos de Vampire Weekend, y me alegra decirles que hay un par de fotos que prueban que lo logré, así no pudiera verlos al día siguiente en el Festival.

Después de eso fue correr desde allá hasta el Parque 222. No fue tanto una odisea como pudo haber sido en años anteriores, y yendo hacia allá me di cuenta además que una de las rutas nuevas, de las azules (las del SITP) pasaba por el lugar del evento. Esta alternativa de ruta me costó no más $1400, así que las cosas de entrada pintaron bien.

Entré al parque, la distribución de los diferentes espacios daba campo para moverse con facilidad de un área a otra. Las Puertas del Cielo tenían una gran variedad de cosas interesantes y únicas para ver y comprar. Quedé fascinada, en especial, con Frases, una pequeña compañía que hace joyería, pinzas, broches, hebillas con acabados únicos. Les habría comprado todo el surtido de haber podido, pero esa compra tocó dejarla para otra ocasión. La piscina de pelotas definitivamente llamó la atención de más de uno, que se metió de cabeza a jugar como si tuviera 10 años otra vez.

Mientras tocaba Árbol de Ojos en el Escenario Caracol, nos hicimos con un par de amigos en el área Chocorramo. Le vi la intención de llevarse las colchonetas a más de uno y con justa razón: no solamente tenían la imagen inconfundible del ponqué, además eran supremamente cómodas.

Caminamos luego hacia Portugal. The Man. Logramos quedar relativamente cerca de ellos, aprovechando otra ‘primera vez’, porque confieso no los había escuchado y me sorprendió lo buenos que son. John Gourley es un vocalista maravilloso; tiene una energía contagiosa aunque tuve momentos en los que simplemente me quise quedar quietecita para verlo mejor.

Hubo un detalle algo malo, pero que entra en esos imprevistos que suceden en este tipo de eventos: en un momento, comenzó a gotear en el escenario. No nos habíamos dado cuenta pero afuera había comenzado a llover a cántaros; y en un momento, una señora gotera cayó justo en medio del escenario. El contratiempo se controló  segundos más tarde y la banda siguió tocando con el mismo entusiasmo que llevaban desde el inicio.

Otro detalle lindo (porque éste si es lindo de pura lindura) de ésta presentación, fue ver a la hija de Zachary Carothers, el bajista, en escenario con su papá. Tan pronto la nena salió a escena, la audiencia saltó en aplausos. Es lindo pensar que es un recuerdo que le va a quedar a ella para siempre.

Luego del fantástico set de la agrupación, mis amigos y yo salimos en medio de la lluvia hacia el Escenario Tigo. Lo que comenzó como una lluvia moderada, fácilmente soportable con una chaqueta ligera, terminó siendo un aguacero para el momento en el que llegamos a ver el final del set de Julian Casablancas. Empapada de pies a cabeza, la chaqueta apenas si me escurría agua, y ni modo de abrir la sombrilla si no quería que alguien detrás mío me la halara y la desapareciera.

Entre gritos de ‘Boombox!’ y ‘Reptilia!’, Julian Casablancas terminó su show (logré llegar a ‘11th Dimension’), irónicamente, seco. El agua le huye, ya está más que comprobado.

Esperamos un ratico en medio del chaparrón por Babasónicos, y que tipo es Adrián para encantar subido en esa tarima! También fue mi primera vez viendo a estos argentinos en vivo, escuchando su música a pesar de conocer de ellos un poquito aquí y allá, sin poner mucha atención. Los fans (los fans de verdad, verdad!) estaban en frente mío y no miento cuando les digo que corearon todo su setlist. Todo. Enterito.

La lluvia amainó por un momento cuando Babasónicos acabó y ahí si comenzaron a instalarse los nervios.

Nine Inch Nails. Por Dios! Se queda uno corto al tratar de poner esto en palabras. Primero porque se me hace una cosa loquísima el hecho que, tan sólo hace una semana, estuviéramos viendo a Trent Reznor en carne y hueso. Segundo porque, bueno, van a creer que soy una pobre ingenua pero hasta ese momento yo no había dimensionado en donde me había metido.

La realidad me dio de golpe cuando Reznor salió a cantar ‘Copy of A’ y todo el mundo a mi alrededor comenzó a saltar. Obvio María Fernanda, Obvio. Quisiera decirles que me quedé todo el set en donde estaba, que era casi en frente, pero por desgracia tuve que irme hacia atrás. (fact: Yo soy más bien bajita y debilucha, no tenía oportunidad de aguantar toda esa masa saltarina entusiasmada y moviéndome a lado y lado).

Lo bueno fue que, en mi nuevo puesto, pude ver el set con más calma; logré asimilar que ese de la tarima, ese tipo que paró el show a medio camino porque había una falla técnica con su guitarra y se dio el lujo de volver a comenzar la canción, ese tipo en verdad era Trent Reznor: que era real, maldita sea.

En medio de mi sopor me limité a saltar y aplaudir cuando sentía que tenía, y pude al final cantar completicas ‘The Hand That Feeds’ y ‘Head Like a Hole’.

Salí de ahí tan pronto se acabó el set y NIN abandonó el escenario. No alcancé a entrar a la carpa a ver a Phoenix pero, desde afuera, se sintió la energía que merecía ese cierre de jueves.

“Y canta igualito que en los álbumes!”, creo que le dije a todos sobre Thomas Mars. Pude cantar ‘Lisztomania’ y ‘1901’, junto a la carpa, mientras se me pasaba el frío de la lluvia y de la sabana bogotana.

Con todo, mi primera vez en el Estéreo Picnic me dejó más que contenta. Soy una creyente ya. Me pasó la de Santo Tomás: hasta no ver, no creer. Con mi mamá quedamos en comprar boleta Creyentes éste año tan pronto salgan porque esto no nos vuelve a pasar.

“Y si el cartel no les gusta?” Dudo mucho que llegue a suceder. Después de esta edición, el Festival solamente puede ponerse bueno. Qué bueno! … BUENÍSIMO!.

Primeras veces hay pocas, siempre hay que hacer que valgan la pena.

LO BUENO

– El servicio de buses: organizado y rápido.

– Las Puertas del Cielo: variedad en el mercadillo para todos los gustos.

– El cartel, obviamente.

LO REGULAR

– Fallas técnicas que claro, siempre pasan. La gotera en Portugal. The Man nos dio pena a más de uno.

– La entrada al Parque. De verdad eran necesarias tantas vallas?

– Los vendedores pasando en medio de la gente en los sets. Incómodo y molesto.

 
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