Gracias por venir, Cerati

Me atraganto con las palabras al tratar de escribir algo hermoso o coherente para Gustavo Cerati, pero lo único que vienen son los mismos adjetivos que todos usamos para describirlo y que hoy se sienten pequeños, cortos e insignificantes para recordar la carrera de un hombre que cambió la manera de hacer rock en Latinoamérica.

Por: Ivonne García

Hoy todos llenarán sus páginas con la misma biografía tomada del sitio oficial, otros harán conteos con sus mejores canciones, no faltará el documental… pero lo fundamental permanecerá y creo que todos sus fans, como yo en este momento, están en una jornada de instrospección y maratón espectacular con esas canciones que nos cambiaron la vida y que llenaron con sonido esos momentos que de otra forma no recordaríamos. 

Durante tres décadas, Gustavo Cerati, con Soda Stereo y como solista, creó una banda sonora para las vidas de millones de latinoamericanos que crecimos junto a él. No creo que algún otro artista haya podido lograr lo que él alcanzó: juntar generaciones de rockeros bajo una misma voz. Lo digo por experiencia.

Mis padres iniciaron con ellos. Me lo metieron en la sangre; y hoy, una generación más joven en mi familia lo ama tanto como ellos mismos o yo. Mi historia, como la suya es solo una más en un mar de anécdotas que hoy son recordadas con tristeza o alegría inconmensurables. 

Gustavo era trasgresor. Atrevido, musicalmente. Su psicodelia siempre resaltó y lo destacó entre miles de artistas que cazaban el mismo sonido. En su caso era diferente: siempre exploraba y buscaba en rincones que otros ignoraban; llevaba las letras a otro nivel; hacía mezclas inverosímiles, aunque fantásticas. A veces parecía que vivía en el futuro. Trajo sonidos que tal vez no hubieran llegado a nuestros oídos si no hubiese sido por él.

Su historia se tejió más por sus éxitos y trabajos que por la vida que llevaba; los ires y venires del el Rock and Roll cobró una víctima más, pero lo que queda es más valioso. Me gusta pensar que la leyenda solo se hizo más grande y que dejó en su hijo Benito, un legado que seguirá trascendiendo generaciones. Lo único que queda para la nostalgia es su música, esa que vivirá por siempre y que ya lo hizo inmortal. 

Las palabras no alcanzan; sólo queda la gratitud por haber sido parte de esto, de una generación, de un movimiento; de haber vivido en un tiempo donde los grandes saben dejar huella.

Gracias Gustavo por enseñarnos que merecemos lo que soñamos. Te supimos soñar muy bien y lo seguiremos haciendo. 

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