Reseña: ‘Maleficent’, la otra cara de la moneda

La adaptación del clásico de Disney nos abre la ventana a una versión que la animada definitivamente nunca nos contó.

Por: María F. Murcia

Angelina Jolie parece haber nacido para ser Maléfica. La mejor villana de Disney, en opinión de muchos por la simpleza de su maldad se encarna en la figura de esta actriz…y de qué manera!

Esta nueva versión sigue un poco la línea de historias no contadas, esas alternativas a la historia original que la primera prefiere no contar. De niños vimos cómo Aurora dormía por un siglo hasta que su príncipe azul, su verdadero amor, llegaba a levantar el hechizo con un beso, luego de superar todos los obstáculos que la malvada Maléfica ponía en su camino: un dragón, un palacio protegido por una barrera de espinas y salvar a una princesa, para lograr “un vivieron felices para siempre”.

Sin embargo, ‘Maleficient’ se distancia de esta versión y ahonda un poco más en la sutil tendencia de Disney de mostrar que el amor verdadero no siempre es el de un príncipe besando a su princesa.

El lado desconocido de la villana, su niñez y también adolescencia, hacen que como audiencia podamos ver un lado más compasivo de ella. El amor que conoce, y que luego la lastima, es un lógico detonante a su maldad; de forma que es hasta razonable ver por qué decide maldecir a la pequeña Aurora. Pero luego … ¡la sorpresa!

Maléfica, sin intensión, cría a la víctima de su maldad, una víctima colateral en cualquier caso porque no es su culpa que el Rey Stefan la haya traicionado. La acompaña desde su infancia hasta que cuando se convierte en una joven bella princesa: curiosa, amable, adorable. Los regalos de bautizo que las otras hadas le otorgan crecen con ella y, tal vez, ese es otro motivo por el cual Maléfica le es incluso más difícil no querer a Aurora.

Junto a Diaval, el cuervo que nuestra protagonista rescata de ser asesinado y que se convierte en un leal sirviente, y más adelante en una invaluable amistad, la historia sigue su curso hasta que el tiempo de la maldición se cumple. Allí es cuando Maléfica se da cuenta del error que ha cometido y del que se arrepiente de tal forma que no le es posible levantar la maldición por más que trata. Corre, trata de salvar a la princesa y al final son ambas quienes se salvan la una a la otra, del daño y destrucción que causa la demencia del Rey Stefan.

Pero al final, ¿quién salva a la princesa? El príncipe Felipe hace su aparición, sí. Encuentra a nuestra bella Aurora en el claro del bosque y como audiencia creemos que será él quien la salve de su sueño eterno. Pero cuando llega el momento, cuando definitivamente la besa luego de ser arrastrado por las tres haditas que están desesperadas, nada sucede.

Es Maléfica quien, con su corazón arrepentido y lleno de amor incondicional por la niña a la que vio crecer, la despierta tras un maternal beso en la frente, que recuerda mucho ese amor fraterno que hemos visto en cintas como ‘Brave’ y ‘Frozen’. La lección para las niñas puede ser evidente: el amor verdadero no siempre es ese amor de pareja.

Más allá del aspecto narrativo de la película es importante resaltar la precisión del maquillaje y el vestuario que definen a Maléfica como tal. En la persona de Angelina Jolie, la sonrisa de la bruja (o hada, como vemos en el film) se vuelve tangible y creíble, y que en ninguna otra mujer podría lucir de verdad.

Por su parte, Elle Fanning desarrolla un gran papel como Aurora, haciéndola ver de la edad que realmente tiene: 16 años. Muchas veces olvidamos que las princesas de todos estos cuentos de hadas no son más que adolescentes, y es bueno ver eso reflejado en la gran pantalla.

La película además se muestra oscura en los momentos en los que la maldición, la locura de Stefan y el rencor de Maléfica se encuentran presentes. Solo es al inicio y al final cuando todo se ve claro y brillante; seguramente como referencia a buenos tiempos y a heridas que sanan.

Como la otra cara de la moneda ‘Maleficent’ funciona. Claro, habrán quienes prefieran mantenerse fieles a la versión original de 1959, pero refresca tener otro punto de vista que, además, se convierte en una historia de valentía, sacrificio y perdón.

 

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