Reseña: ‘The Hobbit: The Battle of the Five Armies’

Una buena manera de decirle adiós a Middle Earth.

Por: María F. Murcia

Hace un par de semanas fui a ver BOTFA (por sus siglas en inglés) por segunda vez porque, a pesar de mi amor incondicional por la historia de Bilbo Baggins y la Compañía de Thorin Oakenshield, es mi deber ser lo más “objetiva” posible al escribir un “review”.

Tras un largo año de espera y vivir en total negación al saber de antemano el destino de la línea de Durin, la Compañía, Gandalf y Bilbo, el día finalmente llegó y con el corazón en la mano, me senté en una sala de cine, con crispetas en mano, para no respirar por espacio de dos horas y no perder ni un solo detalle de lo que sucedía ante mis ojos.

Y comenzamos bien. Caray, ¡acabamos bien! No me quejo, por Dios que no. La película es sin duda un buen final a una trilogía que muchos consideraron innecesaria por la extensión del libro que, claramente, es mucho menor que todo ‘Lord of the Rings’. Pero yo entiendo. ¡Hasta yo habría hecho lo mismo! Habría hecho tres, cuatro películas para incluir toda la riqueza del mundo que Tolkien nos dejó para disfrutar a través de sus palabras.

Sin duda, visualmente, adaptar una historia como la de este británico es un reto que trae un proceso de edición largo; y aunque se omitieron elementos, hay otros tantos que resaltaron:

– ¡Dain! … quien por breves minutos mostró el talante y el carácter guerrero tan natural en los enanos, defendiendo a los suyos a pesar de verse superados en número. Debo decir que la secuencia inicial de la batalla, con la formación de los enanos como una falange hoplita (al mejor estilo de ‘300’) y luego el salto de los elfos a la lucha, es una de mis partes favoritas de toda la película.- El final de Smaug, el momento decisivo en el que Bardo (Luke Evans) acaba con el gran dragón, es uno que se va a quedar en mi memoria por muchos años. Uno que me alegra saber que podré ver, uno y otra vez, cuando salga el DVD.

– Un Thorin (Richard Armitage) asediado por la enfermedad que invadió a su abuelo, por aquella lucha interna contra sus demonios y por el deseo de probarse como el único heredero del trono de Erebor, como un verdadero hijo de Durin que no se esconde de una batalla y defiende a su pueblo a toda costa, encontrando en sí mismo el perdón y la humildad para entregar a sus amigos.

– La majestuosidad de Thranduil que, ahora lo pienso, solamente Lee Pace pudo encarnar. Su destreza como guerrero en el campo de batalla y las contradicciones que pasaban por su mente en medio de la lucha, al ver a su gente caer en defensa de una tierra que ni siquiera era la propia.

Sin embargo, en la película hay muchas escenas que deberían ser importantes, pero que pierden valor al ser superficiales.

El arreglo entre Thranduil, Bardo y Thorin sucede, debo decir, de forma rápida. Casi que por salir del paso. El destierro que Thorin le impone a Bilbo también tiene el mismo tratamiento a pesar de ser uno de los momentos más tensos y desgarradores de todo el viaje; y no dejemos de lado, las muertes de Fili y Kili que también se sintieron cojas. Creo que ese es uno de los puntos que más afectan la trama, y que ese tiempo en la pantalla se lo robó Alfrid, un personaje que no tenía mayor relevancia que la de ser un hombre codicioso, detestable y aprovechado.

Sin embargo, no es motivo para despreciar la cinta. Todo lo contrario. Es un buen final para esta historia de 14 años en la historia del cine.

Querido Peter Jackson: quedaron cosas en el tintero y hubo otras que no destacaron, pero lo cierto es que la sensación de cierre está ahí. Personalmente agradezco por personajes como Bilbo (Martin Freeman) y Thorin, que estuvieron en manos de actores tan increíbles que lograron llevar sus papeles más allá del libro, y también agradezco por darnos el privilegio, por segunda vez, de permitirnos ver un mundo tan rico como lo es Middle Earth en otro lugar que no es nuestra imaginación.

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